Me tomo unas ligeras vacaciones, pero a primeros del mes que viene volveré aquí a seguir dando la tabarra.
Feliz lo que queda de verano.
Me tomo unas ligeras vacaciones, pero a primeros del mes que viene volveré aquí a seguir dando la tabarra.
Feliz lo que queda de verano.
Es el que ha escrito José Miguel de la Rosa en la revista de la Feria de Aguilar de la Frontera, que es su lugar de residencia y de trabajo. Todos conocemos las grandes cualidades de José Miguel, entre las que se encuentra lo bien que escribe. El artículo, tanto por su forma como por su fondo, es digno de ser leído y comentado.
No quiero adelantar nada que pueda ahorrar su lectura, así que acabo aquí.
Érase una vez un joven maestro que llego a una capital de provincia española, más bien de las pequeñas. Allí, en el colegio público donde fue destinado, se hizo cargo de un grupo de alumnos de 4º que, hasta ese momento, no sabían nada de ABN. Este maestro lo introdujo, y en un tiempo récord los chicos alcanzaron elevado nivel matemático, sin precedentes en tan pocos cursos. Esa promoción causo gran asombro por sus logros. Prácticamente llegaron a dominar buena parte de los contenidos de la matemática de los dos primeros cursos de la ESO. Ha formado y forma a centenares de docentes y sus clases han sido muy visitadas. Como muestra, un botón. Toda la clase de 6º (era el curso 2018-2019) resuelve los porcentajes siguiendo patrones. ¡Nada que no se vea todos los días en las clases que se ocupan en el cálculo de toda la vida!
EPÍLOGO. Hoy el maestro vuelve a esa capital, pero a otro colegio. Se planta allí como se plantan los árboles: para dar frutos, para dar sombra, para purificar el aire.