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jueves, 30 de abril de 2026

LA MALDICIÓN DE UN NOMBRE: EL ABN.

              La otra tarde tuve una interesante conversación con una maestra. Me contó el “cuasi” boicot que en su ciudad se le hace al ABN. Todo el mundo docente de allí lo conoce, pero la gran mayoría no quiere saber mucho de él. La situación anterior no es privativa de esa ciudad, sino que se puede generalizar a otras muchas. Esta situación se da con mayor intensidad en los colegios públicos que en los privados y en los maestros respecto de las maestras. También hay rechazo, mayoritario, en el mundo universitario. Tampoco ahí somos bien vistos. ¡Quién me iría a decir que tras diecisiete años de historia del ABN íbamos a ser un método totalmente conocido en el universo docente, y a la vez con un rechazo activo, militante y sin fundamento!

            Cosas de la vida. No voy a entrar en ningún análisis. A mi edad ya se llega llorado a todas partes. Pero sí hay una reflexión que quiero hacer. El ABN es el nombre que reciben un conjunto de prácticas docentes que mejoran, desde una perspectiva diferente, el rendimiento matemático de los alumnos. Digamos que el método ABN es la suma total del conjunto de sumandos que integran el método. Y aquí viene la paradoja: a nadie les parece mal ninguno de esos sumandos: las prácticas referidas a la numeración y a un mejor conocimiento de los números, el trabajo con números completos, el planteamiento de la resolución de problemas y sus fuentes, las propuestas para el conocimiento de los hechos numéricos (tablas) y la forma de adquirirlos, la nueva forma de abordar la proporcionalidad y los porcentajes, el cálculo mental que se adquiere, etc. Llegamos así a la pura y simple contradicción: ¿Cómo es posible que estando de acuerdo con los sumandos se esté en desacuerdo con la suma total? ¿Tiene esto sentido? Pues según muchos de nuestros críticos lo es. Se está de acuerdo con las partes, pero no con el todo que forman.

            No es fácil cambiar la percepción que, sobre las cosas, tienen las personas. No se hace en un día ni en muchos. Pero algo sí se puede hacer. ¿Qué? Pues sencillamente olvidarse de los nombres. Si uno o una se encuentra ante esa actitud de negación, lo sensato es introducirse por medio de lo que se hace: las técnicas para trabajar la numeración, la mejora de los aprendizajes de las tablas, la variedad y secuenciación de los problemas, la preparación para conocimientos propios de los siguientes cursos o etapas, la introducción de las técnicas de cálculo mental, etc. Lo que es necesario para la mejora efectiva del aprendizaje matemático es lo que se hace, no el nombre que arrastre. Lo que puede hacer cambiar de opinión al renuente no es la discusión nominal, sino la constatación de la mejora de los aprendizajes de sus alumnos. Una vez conocida y aceptada la criatura, ya es más fácil descubrir su origen y el nombre que le pusimos.       

 

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